Me rascaste la espalda
con tu gusano de siete patas
traído del monte cercano
lavado con agua de la playa.
Miraste el interior de mi mochila
robando el salchichón de marca
dejando el queso fundido
para que el olor no te delatara.
Sentiste celos de mi desnudo
en la copa de un carballo
quisiste ser Jane y la mona
en busca de mi liana.
Y el camino se hizo corto
entre tus vacaciones y las mías
ya no te duelen mis pies
ni me quitas las húmedas toallitas.

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