No acaba de fluir el derrame de pensamientos sobre la tortilla de patatas que me estas preparando, le pones mucho huevo para que esté jugosa, casi que se corra en mis labios entre bocado y bocado, pero que quedé tocado por esa purga incesante de pensares que me dejan tuerto cuando te veo bajarte las medias.
Y es que si despejamos la X de la ecuación de tus acciones siento como en tu locura me quieres más de lo que demuestras cuando añades detergente de más al lavavajillas cuando acabas de preparar la comida, cosa que si despejamos X ya me explicaras que injusto es verte con esa lencería fina y no tener un pedazo de pan para limpiar el jugo sobrante en el plato después de devorarme la tortilla.
De postre me quieres comer, la metáfora de la fruta es muy recursiva para fichar entre tus piernas la desdicha del hombre, pero haces lo que quieres cuando lo necesitas y no tienes que explicar porque y para que necesitas ademas de cocinar fraguar tus orgasmos a fuego lento, yo que me dejo, como si hornear un bollo como tu no fuese mano de maestro panadero.
Y hoy voy a leerte en tu sección del periódico, allí donde mandas en las almas errantes y en los díscolos que buscan la buenaventura para que me pongas cosas que me digan el camino a seguir cuando tus muslos me dejen ciego y me pongas cachondo cuando en el tendal dejes el sujetador con una pinza y la sonrisa en el patio de luces.

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