Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Me encontré con tus restos al pie de un árbol centenario, tus paginas estaban castigadas por el tiempo y las inclemencias climatologías, pero aun se podían adivinar algunas palabras entre tus hojas gastadas, arrancadas por los vientos, consumidas por el paso de los años. Un diario que perteneció a alguien en algún momento, donde reflejó sus inquietudes, programo sus sueños, le contó a la tinta sus amores y romances, sus penas y sus llantos.

Un diario que se perdió en el camino, quizás se escurrió de su mochila, o no quiso habitar en el mundo de su dueñ@. Porque los diarios también renuncian por pena, cuando no hay felicidad todos quieren cambiar de manos. Aunque si supiese que su final iba a ser destruido por el pasar de la vida, su testamento seguramente querría ser otro, acabar en un cajón aunque fuese para llenarse de polvo.

Ahora estoy enganchado a lo poco que dejas leer de ti. Y uno las palabras y voy rellenado las que ya no existen con las mías propias porque quiero encontrarle un sentido a lo que un día su dueñ@ con amor o pena escribió, porque quiero conocerl@ aunque ya como tu sean parte del universo en su modo más primitivo. Todos deberíamos tener un diario y cuando sus paginas no pudiesen tener más espacio dejarlo libre para que otros recibiesen ese pensar en la vida, antes de que se muera fundido en la tierra, en un conocimiento perdido, robándole la esencia.

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