Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

¿Qué es más duro que el pan y no es tu cara?.

La pesadilla de todos los días tras una noche revuelta es que en el sueño seas una aceituna y te quiten el hueso sin anestesia. La verdad es que con el calor de Mayo sin siesta de por medio y con más pena que gloria (Gloria la que vende los helados callejeros, que recuerdos) las noches son para empezar a tirar de ventilador y de rollo de papel moquillo con el polen envuelto en la espiral de viento que se va generando por toda la habitación. Made by torturas caseras para el nene y la nena.

Pero preparándome para lo que pueda venir esta noche me he pasado la tarde leyendo las instrucciones del paquete de ocho rollos de papel higiénico que he comprando en la tiendita de la Concha por si le saco más partido y utilidad, la culpa es de la tetilla casera que con el membrillo hace maravillas, ni la brisa de los altavoces a ritmo de “yo de mayor quiero un camión” serenan el sofoco.

Y para jodienda una vieja sin encanto protesta por la calle que se le ha apagado el ladrillo que más que para llamadas lo usa de reposa papeles cegando las ganas de salir a escuchar a los pájaros a la ventana, incordio de que para muchos el bar es donde el aire acondicionado se hace arte por una caña y esas aceitunas que luego invaden la mente más sugestionable.

Por eso y sin que sirva de precedente tirare por la opción más fácil, voy a ponerme la trilogía de Matrix por millonésima vez para caer en manos de Trinity y fantasear con fundirme en sus datos y los suyos en los míos, que mejor eso que sentirse devorado por Hannibal o por los medios de comunicación que verdades dicen bien pocas y manejar lo hacen de maravilla para placer de unos pocos.

A ver si ahora las noches serán el ocio del día, y lo del día lo dejamos para los supermercados.

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