Recuerdo cuando no recordaba nada y era feliz, una felicidad que no representaba nada y lo era todo. Pero los pensamientos que no implican nada pero que hacen de tu vida un aburrimiento te marca todo, cada segundo que pasa, cada día es insufrible, con mil variables.
El sentirse poco o nada en la puta soledad de una existencia mediocre e indiferente para lo que te rodea, mosquitos incluidos, es un mal sabor de boca, como el que te queda después de una sesión de quimio, o de una resaca de alcohol barato, el garrafón de toda la vida, pero hay tantos garrafones garrafales que se me corta la digestión de pensarlo.
A veces me cuesta respirar, cuando mi cueva no se ventila bien, toda mi propia mierda no es más que una losa que me va aplastando hasta dejarme inconsciente y creo que en el fondo tengo lo que me merezco pues en esta como en mis otras vidas el gran culpable de ser como soy o he sido es totalmente mía, una pena que en muchos casos no vale de nada porque incluso de poder volver a renacer en uno mismo la cagarías del mismo modo.
Mi cuerpo y mi ser es como una mina antitanque esta al borde del límite del peso para explotar por la presión que todo mi ser ejerce por salir, el ser un inútil, o tratar de convencerme de que no soy más que basura andante que de vez en cuando huele bien es un bocadillo de queso con membrillo fácil de digerir pero malo de cagar.
Espabilar a un don nadie no es fácil, cuando ese personaje no existe ni se le espera. Hasta los muertos tienen más ritmo y se lo pasan mejor.

Deja un comentario