Me siento desnudo ante ti y se me remarcan las cicatrices de toda una vida. El pan con el que mojo la leche esta lleno de moho y el sabor en mi lengua es de una amargura infinita. Me hubiese gustado ser el anfitrión de tu puerta, como un felpudo de esos que dicen cuando los pisas “bienvenido a la república independiente de tus huesos” y comérmelos siempre en la paradoja de la metáfora mas ilustrativa.
Se rompe en finos hilos mi materia gris, se descompone el dolor en pequeños gritos en la noche porque se esta partiendo el ser que a evolucionado en la nada que soy ahora y siento como la oscuridad lo va envolviendo todo, como aún rebelde intento, quiero despejar la incógnita y nadar hacia un abismo placentero, lo contrario produce el efecto deseado, el placebo no es tal cosa que no sea la manipulación objetiva de un sentimiento, derrocar la propia mente, engañar a la muerte.
Sobra papel, tinta para una vida, sencillez y pobreza, alarmas varias. Dolor y dolor sumado a la funcionalidad de un organismo caducado, pero que dentro de si mismo a pesar de lo anti social de su ADN quiere cariño, unos últimos pasos hacia el precipicio acompañado voluntariamente por la suavidad de un volveremos, no estas solo.

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