Empujabas con fuerza
tanta que me partías en dos
eras pura energía
nacida de mis adentros.
Me volvías dolor
por los cuatro costados
era un insufrible momento
que estaba deseando.
Hasta que saliste
eras enorme como nunca vi
y te deslizabas como lubricado
entre mis nalgas.
Adiós mi mierda adiós
que el agua te lleve
y fecundes el mar con mis restos
para por siempre ¡amén!…

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