Me acuerdo cuando navegaba por los hemisferios de tu cuerpo, aquellos que me regalabas con una sonrisa en tu mirada, sentía verdaderamente que me amabas y eso me llenaba de vida, me entusiasmaba el alma. Hacer contigo el día a día era de lo más fácil, lo difícil era tener que soportar que un día tuviese veinticuatro horas cuando para mi desearía que cada uno fuese de un año, o una eternidad completa.
La conexión mutua era de tal magnitud que muchas veces, demasiadas, sin decirnos nada nos complementábamos, sabíamos como un par héroes de ficción que todo lo que nos rodeaba lo podíamos moldear a nuestro gusto y lo dominábamos a placer, era nuestro universo. Y en él todo aquello que se acercaba a ti se volvía perfecto, incluso un reto alucinante que llevarse a las manos y crear la partida perfecta donde siempre ganas y no hay perdedores.
Me acuerdo demasiadas veces de nuestras promesas y juramentos, aquellos que ninguno de los dos hemos incumplido, por eso te sigo echando de menos, en los días de lluvia, en las fotografías viejas, en las cartas llenas de tu esencia, en las ganas de reencontrarme contigo aunque solo sea por un segundo, tocarte. Ya no me quedan palabras aunque en mi pensamiento están todas ellas y lo sabes, ahora en el lugar donde descansen tus recuerdos sabrás como unificarlos, reorganizarlos para que mi locura terrenal sea ese amor verdadero que nos hemos procesado para toda la vida. No te preocupes si sufro se que la vida es un suspiro y dentro de ese suspiro sigo sintiendo tus besos.

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