Me deje en los madriles
cuarto kilo de corazón
media barriga y un riñón
buscándote en un café.
Abandonado con la suerte
de tocar al timbre vacío
donde los ronquidos aullaban
mientras se pasaba frío.
Y ahora un volcán
entre eruditos se contonea
se olvida del burro llano
y de las conferencias.
No interesa la enfermedad
del mal de los malditos
aquellos que no saben a nada
y ni los recuerdos te valen.
Me quedo con el amor aprendido
deseado y en busca y captura
que no olvida los orígenes
de un barco a la deriva….

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