He intentado pintar un cuadro donde salía mi vecina besando un sapo, quiere encontrar un príncipe que la saque de la soledad de su choza. Lo malo de todo ello es que cuando no se transforman se los come, clavados en una vara de bambú fogueados por los carozos ardientes del maíz. Y no porque la pobre sea una diva más bien es una multiplataforma curvilínea sensual y atractiva entrada en los cuarenta pero resultona con su buen par de…. hemisferios cerebrales.
Y yo que reino en mi cueva en la soledad nunca le he arrimado la hortaliza, se ve que es carnívora, el tema vegano aun no le inspira de ahí el dicho “no arrimes la cebolleta a quién se afila los colmillos con palillos de caoba que te puede dejar fino”, lo dicho. Además puede ser contraproducente si la cosa sale mal te puedes encontrar a la puerta de la cueva todos los días el rechazo en forma de catapultas de estiércol, vísceras de sapos rechazados o crucigramas donde tienes que buscar corruptos políticos.
Así que dejare que siga con su caza anfibia para ver si encuentra de una vez por todas el motivo de su sangría, esa alegría de romper su monotonía, por el bien del ecosistema y…. nunca se sabe, no vaya a ser que un día se decida por pasarse al canibalismo y me pille a mi al lado, que conmigo fijo pilla un empacho y se mosquea muchísimo más.
A todo esto y a pesar de la put…ma lluvia que me tiene a remojo, ya parezco un caldo gallego con un buen vino y un trozo de pan ¡cómeme! Jajajajajaja. Los que tenemos las ausencias en nuestro corazón seguimos con sapos o sin ellos buscando en nuestro interior esas alas que nos hagan volar conjuntamente con otras, pero si podemos pedir, que sea pronto por favor no quiero convertirme en mi vecina, ni en su estomago.
Un abrazo “de verdad”.

Deja un comentario