¿No me ves, verdad?.
¡No me veo ni yo!.
Menos aún cuando escribo con mi himen que me cruje por dentro y me lleva fuera de una categoría, como una comparación de Frankenstein en mi enorme ser “tan cabrón”, como viejos textos ingenuos de la antigüedad.
Como una vejiga llena jugando a la psicología. A la masturbación de la “chicha” donde se lame, masca y traga para adentro.
Y es que soy una vibración con una frecuencia discordante con la tuya porque no soy una prostituta de mi verbo. Tengo mi independencia y ahora camino y camino a ver el amanecer porque yo quiero entre una botella de agua y un sándwich de crema de cacahuete.
Te he dicho hoy lo mucho que te quiero…

Deja un comentario