Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Cuatro peldaños separaban tus pies del mar, en el espigón donde tantas veces perdimos los Domingos comiendo pipas, pero ganábamos en serenidad y tranquilidad meciéndonos con las olas, formando parte de ese Atlántico que nos llenaba la sangre de sal y los recuerdos de vuelos rasantes de los cormoranes.

Las horas se consumían sin falta alguna de decir nada, el mismo momento del silencio era vital para que ese tiempo observando la belleza de nuestra madre Galicia, de nuestro lugar escogido fuese lo único y lo suficiente para los dos.

Y como llegábamos nos íbamos con una sonrisa eterna, con el deber cumplido de rendirle devoción y admiración a lo que amamos, a lo que nos ha llevado por el mundo con el orgullo de ser Celtas, de ser gallegos. Para ti más que nunca el sentirte integrada desde el sol poniente te maravillaba como si danzases entre las bateas, al toque de una gaita.

He vuelto a casa, a terriña, después de tanto tiempo perdido por el mundo y he vuelto al espigón donde de la mano amábamos, nos amábamos en silencio. Pero ahora que ya no estas el ruido es ensordecedor, el tiempo y el batir de las olas han deteriorado los peldaños, el vigor de la sal en nuestros seres ahora me llenan de nostalgia, la morriña por ti, miro al mar.

Quizás sea hora de fundirme con el.

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