Hoy he quitado la manta de invierno de mi cama, no se porque extraña razón mi cuerpo me invitaba a dejarla ya en su hueco del armario a pesar de que aún tiene que venir muchos días de frío y de mal tiempo. He conservado las sabanas nórdicas y el edredón pero simbólicamente el retirar la manta me ha liberado un peso de encima, como si las noches fuesen demasiado calurosas y pesadas, demasiadas pesadillas con la boca seca.
Ayer José Sánchez me dijo que me cuidara del amor que a veces es doloroso… por experiencia es muy doloroso y pocas veces gratificante cuando eres una bestia salvaje y vives en una cueva pero su comentario que conteste desde la cama al escuchar el aviso en mi móvil me hizo pensar en quitar ese peso que sentía en esos momentos, demasiadas espinas le dije por eso me he cargado la manta, demasiados recuerdos.
Y aunque como mochilero que he sido durante años se lo que es lo de “carretera y manta”, ahora estoy en un momento de mi vida que no puedo dejar la cueva sola, demasiados zorros rondando para ocuparla pero prefiero jubilar una manta y sentir algo más de frío para sentirme vivo, para saber que aun puedo temblar a ser como una sandwichera caliente fundiendo el queso con el pan.
Volviendo a la micro conversación con José Sánchez y eliminando la metáfora de las espinas me gustaría algún día antes de que sea demasiado viejo de no tener que usar nunca más una manta porque una compañera quiera compartir sus ronquidos con los míos.
Desde el más profundo de los cariños.

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