Noche de tormenta, vientos huracanados con aroma de eucalipto, lluvia fuerte. Los resoplidos de la montaña son como un eco de gigante en mi cueva, retiembla en los cristales, se callan los lobos. Veo el calendario y me dice que es martes y trece, ese día típico lleno de refranero “en martes ni te cases ni te embarques” “en martes y trece si tiras una piedra se revuelve” y así hasta aburrir.
A mi gato que nació en tierras cálidas del Sur el frío y los temporales no le gustan nada, pone mala cara y saca las garras contra la tormenta maullando desafiante, es adorable pensar que podrá defenderme de los elementos del Norte de mi universo conocido, donde reside como decían los antiguos romanos el fin del mundo.
Es de esos días donde ahorrar agua se hace indispensable, sales fuera con el champú, el jabón y la esponja y te duchas con la madre naturaleza, dejando que te haga un lavado a fondo. Llenando los cubos de agua con todo lo que se descarga de ese cielo negro que luego viene genial para no tirar de la cadena o para darle de beber a los pollos cantores que ya desde bien la madrugada cantan y cantan para que le des de comer, ellos si que no entienden de días de mal fario.
Y para completar este día loco donde te vistes de buzo y esperas a que escampe un poco para salir y hacer la compra del día si crees en los Martes y trece llévate un paraguas de acero por si te revienta la cabeza una teja y si eres de los que días como hoy te dan suerte, bájate la tabla de surfear y aprovecha las olas que hacen los camiones.
Abrazotessssssssssssss…

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