Intente atragantarme en el regaliz que me regalaste para llevarme a tu dimensión y a fe que lo intente pero no le pidas milagros a quien no cree en santos ni a quien los te quieros de tu boca le saben a azafrán y a especias inimaginables. Se que puedo llegar a quererte tan cual eres, con tu carabina, con tu recarabina, con tu rederecarabina para que mi oscuridad no te excomulgue, pero te echo de menos aunque me digas que no.
Se que no soy el amor que te hace durar los créditos de una película en Gran Vía, ni meter el manojo debajo de quién protesta por pillarla con la silla de la sala, esa vieja, ¿te acuerdas?. Y en el local de la Meiga nos entonábamos antes de hacernos el amor con el vicio sano de las horas. Y ese baile en las piedras de la segunda planta del caserón ante las murallas de la Baiona más oscura, más tradicional.
Y caen las horas, y tu demuestras que después de los años sin desgastes me sigues recorriendo del ombligo para abajo y que todo lo demás suena a gilipollas, que no saben como dar calor, en un sábado que te hace dejar las sombras en el interior de tu armario, allí donde un dí abandonaste tu consolador de tanto amor que fuiste rebajando entre mojitos conquistadores desde Vincios hasta la piedra, ese Coruxo, la playa de Samil, no me jodas, que te siento afecto.
Sube los grados y dame sin dejarme con las ganas de amarte pero sopla de Sur y si entra la lluvia que me vas a pedir esta vez, late y late pero bendito tu coño eres como un cohete y lo sabes, me miras como tu astronauta bailando en la Ramallosa 2000, bendita tu que puedes provocarme en el amor y en la guerra, no te olvides de dejar las llaves, no me seas como yo, no seas mas perra.

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