¿Qué fue de tu muerte?…
No lo se, nunca respondí a ello.
Desde el día que me morí emprendí un camino que me llevo a tantos sitios que no pude decidirme por ninguno de ellos para quedarme y ser enterrado como todos dicen en paz. Y voy en cada lugar por el que me muevo como un alma en pena, esa pena que me quedo cuando te moriste tu también y dejaste de sonreír para mi.
Me faltan los detalles que me dedicabas en vida, los que yo con sorpresa incluida iba dejándote como miguitas de pan y ese era nuestro destino.
¿Qué fue de mi muerte?
Lo supe desde el día que no estabas a mi lado.
Y eso me hace girar en mi propia órbita celeste, en mi cruce de caminos, en la soledad que me ampara como un chaleco antibalas y todo para perdurar tu recuerdo, ese que está tan adentro de mi que me hiere, con orgullo, con amor.
Tiempo.
¿Con qué se puede medir la desesperanza sin tus besos?.
Te echo de menos.
Que locura.
¿Cómo saber lo que es un latido?
¿Cómo no he podido vivir sin ti?.

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