Te metiste en mi mente para que la materia gris de mi cabeza se convirtiese en ese pus del malo, de ese que da asco y te hace echar la comida de hace una semana sin digerir, como el dolor de un parto. Querías adoctrinarme en todas aquellas cosas con las que tu casas, aquellas en las que te manejas como pez en el agua, la que te convierte en el martillo todopoderoso de Thor, en la compresa de Maruja a Perrecha que se recicla de pascuas en pascuas, en la lengua viperina que convierte la paja en oro y el oro en vino, eres un gen antisocial y de cuño castrado, manipuladora.
Me querías para ti sola, usarme como muñeco de vudú, partirme las piernas, usarme como un consolador de velocidades relativas, de panfleto artístico, de sello postal, de silla, de plato del Domingo, de anti arrugas, de leche condensada, alcohol etílico, de pastilla anticonceptiva, de truco o trato.
Sabias donde más me duele y esa era la llave para espolear mis testículos, para saquear mi nevera, para robarme el alma, para llevarme por el parque con un collar de caniche y mearme en las piernas de aquellas que te caían mal, tus odiadas. Tu pelele, sirviente, mayordomo, camarero, truhan, rufián, carabinero, almohada.
Te metiste en mi por el ombligo, para llenarme las tripas de gases, para hacerme crecer el miembro que más rabia te daba, para llamarme pinocho, tocho y mocho. Para tirar de la cadena, llenarme de mierda, consagrarte ante mi como la zorra de las vírgenes incompletas, para que te llame novia.
Querías un muñeco al trote jorobi y te llevaste mi pack completo.

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