Cuelgas la pinza
en el tendal de tu mente
secando las palabras
que no lleva el viento.
Te abres de piernas
esperando el momento
la humedad que te llena
que hace respirar tu piel.
Criticas lo que no ves
porque te llena de esencias
picantes o dulces
como el sabor de tus labios.
Esperas entre brotes
la ternura que te rescate
te pones las medias rotas
para abrir tu corazón. . .

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