Siempre supe
que la soledad me mataría
allá donde suena el mar
y los cangrejos son violinistas.
Donde mi mente puta basura
pagaría los excesos de la libertad
sin frenos de joder el universo
que a un alto precio me acogió.
Pude aprovechar mis orgasmos
en cualquier lugar
sitios a los que no volveré
no vaya a ser que me reclamen sin paz.
Y ahora engendro
sombra de lo que fui y no volveré a ser
perdido más que un pedo en un frontón
ya no me quejare más.
Donde un teléfono no suena
ni se reciben mails donde los calzones son de tela
y una vela negra asoma a la ventana
diciendo bye bye…
diciendo bye bye…

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