Amé a tu fantasma
en la rama de mi ventana,
flores de mi desgracia
repetirte en cada muerte.
Movida que me siente
despacito en mis entrañas,
allá donde el reloj
ha dejado de tirarse pedos.
Te quise por siempre
y sacudiste mis cimientos,
parecías orgullosa de tus callos
nunca me gusto tu plato.
Melodía engendrada
del gusano de la manzana,
esa misma que me dabas
para rematar tu faena.
Me dabas mucha caña
sin saborear en la canela,
lo tuyo conmigo era un candado
en un tablero de ajedrez.

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