Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Tenias las manos manchadas de sangre, te habías estado regocijando con la motosierra cortando todas las cabezas de ganado que ibas encontrándote por el campo, esa misma sangre que ya empezaba a cubrir gran parte de tu cuerpo y te relamías. Tenías los ojos desorbitados y cantabas en alto “Como no te voy a querer…. como no te voy a querer….. motosierra de mi amor” ejerciendo presión sobre el acelerador y revolucionando la misma con una sonrisa sádica, gozosa, de perra hambrienta, de hija de puta.

Se te termino el campo y orillaste la primera acera de piedra de entrada al pueblo, aún sumida en tu orgía y frenesí sangriento todo ser vivo bípedo, cuadrúpedo o con materiales añadidos, sillas de ruedas, bastones, muletas, bicicletas… iban cayendo a la velocidad de la luz con tus estocadas mortales de la cadena asesina mientras de vez en cuando se te oía decir: 24, 25, 26, 27…

Llegaste a la puerta de un Hospital, los rumores se habían extendido, ibas clavando tacones. Se atrincheraron cerrándolo todo pero tenías más arte que actriz metida en su papel y dejaste resbalar un cubo de basura con sumo cuidado cuesta abajo rompiendo los cristales de la entrada, te agachaste entrando desafiante, te llevaste el dedo indice a la boca, lo relamiste y proclamaste en alto:

¡Vamos! ¿quién es el siguiente?.

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