Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Latina se escapo de una montaña de cumbres nevadas allá donde los delirios de amor volaban a la altura del oxigeno inexistente y bajo al valle de las esperanzas, donde los ríos se cruzan formando un corazón. Allí donde las cuevas dejan de ser oscuras si les llevas leña y una buena historia y Latina de eso tenía (grabadas a fuego) en su piel unas cuantas, de guerras entre demonios y ángeles, de duendes contra hadas, pegados al hachís.

Se escapo de donde ya no estaba porque no se considera de algún sitio y las montañas eran la metáfora o la excusa mejor predispuesta a ser tragada por la voracidad de su juventud, de su belleza impactante, de un motor de combustión. Litros de alcohol, todo un bocado de Ron.

Latina se expresa con la jerga de la calle, donde lo way es bostezar cada mañana donde aún no se ha despertado la playa y los cangrejos no se atreven a mirar, donde se desnuda a la arena y se deja hacer el amor por el mar. Donde poder gritar mientras la sal le roza el ombligo y recuerda la montaña donde escapo, de aquella nieve que le congelaba el sexo, donde no le hacia sudar entre los pliegues de las olas, la rompiente de sus piernas abiertas robados a la pasión.

Y para cerrar la borrachera de esta entrada recordando el tren al que se engancha Latina con ese tanga de palmera y sujetador de cocotero pintando los labios de rojo accidental, mirando entre robados las fotografías que le secuestro en cada paso firme mientras lo del paisaje que le rodea es una excusa para correrme entre lo salvaje y lo civilizado.

Quiero ser esa montaña.

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