Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Tus pechos son como la proyección de mis montañas, aquellas que me rodean por detrás y por delante. Donde a seis pies del suelo todo se ve del color del arco iris, y las águilas vuelan casi a ras del suelo. Donde las citas son la intuición de lo que me digan tus ojos, esos que parpadean al leve contacto de mi lengua con tus labios, creciente ardor en tu bajo vientre, masticadas sensaciones, helados de amores.

Donde no respiras a la mismas revoluciones con las que me haces el amor, donde la camiseta lleva una asa para colgarla del ventilador y me gritas “Bestia Bestia calla calla déjame sentir”, mientras me dejas sin comer, sin merendar, sin jugar con tus pezones en la cena, lloviendo la humedad en tu celular constante e impasible raza de melodías sin títulos ni artistas.

Y eres sueño, horas fuera del reloj del tiempo y del espacio, sonrisas y lagrimas mientras me dices que me quieres, que te quiero, que no me levanto de la cama que me quedo metido en el armario mientras el mundo se cuadra y se pone erecto. Donde nada de lo que pasa alrededor de tu gato, del mio, de la vecina, de una botella de cava, de un tornillo de tónica con jengibre, despedazando el sentido común de mi materia incoherentemente gris.

Pero nada de todo esto es una película de acción y te veo como resoplas cuando te digo amor y sacas las uñas a relucir mientras quieres enredarme en tu pelo negro rizado, atándome al cabezal de la cama con esos “tape” a los que suelo ignorar si me encuentras, me desnudas y me comes. Por que lo que tu me digas me suena a sal, a la promesa de esa concha que has de encontrar para mi y quiero pensar que tu locura no es normal porque sino como es que de mi te ibas a enamorar.

Ahora manejas por la ciudad, en la radio suena Shakira y la Bestia salio a cazar…

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