Ninfa se mojaba las manos en la fuente del Castro y se las pasaba por la cara, intentando despertar al sol del amanecer dejando al fondo la ría de Vigo, su mundo más real donde pasaba las mañanas. Donde sus pensamientos mas oscuros eran para ella los más eternos, los que la hacían soñar en convertirse en un hada, de las que cargan con una espada ejecutora para cambiar el destino.
Ninfa rompe esquemas con su realidad, destruye castillos antes de la hora de comer mientras te dedica una mirada que te hacen sentir como te consumes en sus labios, en la carrera hacia su corazón negro, atacado por las raíces venenosas de Castrelos, por un sentir marginado en cada uña afilada de su ser.
Ninfa enamora sus huesos con sus recuerdos donde dejo lo que más quería tirado en el Arenal porque ella quería su propio infierno y compartir para ella es como pasarse de frenada porque nada existe en su alma si no le quita la razón. Tratando de reclutar migas de pan para que el tiempo no le deje de lado y se olvide de volver a su propia irrealidad.
Ninfa quería ser normal en las tripas de su ciudad pero solo podía aspirar a quemar todas las ilusiones como la Roma de Nerón, a ser la grafitera en las viejas naves de Bouzas allá donde colgaba los pellejos de sus victimas, de esos amantes perdidos en su matriz. Inteligente y creativa nada se le oponía, nada se le cruzaba, es lo mas salvaje que he encontrado ¡si! hablamos de Ninfa.

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