Maruxiña es madurita y tiene una talla de pecho internacional, las caderas son de cordaje ancho y usa braga faja con correa metálicas y varillas de dientes de ballena, suele pasar su tiempo perdido entre los chats y las redes sociales. Su mayor logro en su vida fue que le bajaran al pilón en unas fiestas de su pueblo, allá por el 92 aprovechando las olimpiadas y la expo de Sevilla pero después de eso dejo de ser un chocolate para los pitufos azules que la acorralaron en sus tiempos mozos.
Maruxiña no es de paciencia caduca, allá donde ponía la mano se hacían procesiones pues a pesar de lo dicho anteriormente seguía siendo virgen, casta y pura. Pero no sufría por ello ya que su razón de vivir era darle el coñazo a quienes a su parecer se merecían el castigo divino de su verborrea con aliento a caña de hierbas y al abrazo de sus labios babeantes después de una larga siesta que a diario disfruta en el pajar de su casa.
Pero Maruxiña también aunque no lo parece tiene su lado oscuro, allí donde planea todas aquellas acciones que manejan el reloj biológico de su vida y es que su mayor secreto era cantar cuando se sentaba en el trono de su impaciencia, allí donde soltaba todo lo que sus tripas reclutaban en largas horas de gula, donde solo cuando le llegaba el hedor a la campanilla dejaba y bajaba el ritmo, su ritmo mas secreto e inconfesable, de meterse el dedo para soltarlo todo y volver a empezar, de guillotina.
Ahora en los tiempos modernos donde todo lo que rodea es electrónico Maruxiña sueña con tener una casa que le hable, que le enseñe, que le diga, que le practique todos sus sueños derretidos pero mientras que eso no llega más allá de un plano encima de una mesa, Maruxiña sigue ante su pantalla clavando sus pupilas en su próximas victimas del chat, donde empieza diciendo que es modelo profesional y sale en las portadas de revistas de medio mundo y acaba rematando que como ella pocas saben para que vale una garganta profunda.
Amén a eso.

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