Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Mi cabeza gira y gira, deslumbrada por los parpados insaciables de una perra. Mi mente se retuerce y es dolorosa. El alcohol no es pasajero de buen remordimiento y se interpola con una bipolaridad constante e insufrible.

Menuda mierda. Cansado de ser intransigente con mis sentimientos, no todo es un paño de seda donde los mocos se quedan perpetuos como estalactitas de placer irresponsable, a veces las lágrimas también pueden ser jodidamente vulnerables.

Y en todo capullo, no siempre la flor es lo que en materia se puede decidir como lo que más valía tiene o lo que en el final de todas las cosas es una muerte más asquerosa que las propias tripas del mayor magnicida del mundo, la idolatría de un crepúsculo lleno de huertos de espinas.

En mi cielo, en tu cielo, en el cielo de todos los que me habéis dejado caza a mi patria y a mis remordimientos no os deseo más que la pura decadencia de unos pensamientos marginados por los acontecimientos, esos que sabéis que son impuros, que son la guerra o el desmembramiento más hipocrático que reconocéis en vuestra apesadumbrada inconsciencia, hijos de puta.

No tengo el alma para monsergas ni mis perdones son comprables al por mayor por eso en el eterna desbloque del sí o sí a cojones solo os digo que así como habéis venido a mi toda soga sea poca para ahorcaros, y en el plenilunio de las cámaras oscuras y reticentes os jodáis con todas las palabras de la ley.

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