Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Me robaste el alma con tu mirada, la primera vez que nos vimos en medio de un parking, donde sin conocernos carnalmente me llenaste mi boca con tu lengua tirando de la mía hacia la tuya. Un atrevimiento que dejo el abrazo para lo último y acariciaste mi culo soltando un suspiro para coger aire y seguir comiéndome la boca a besos.
Luego quisiste tomar un café.
Tú y tus cafés.
Quisiste contenerte preguntándome como era el entorno por donde me movía y a pinceladas gruesas te fui marcando mi territorio como un profesor dando caña a la geografía y a la historia a una alumna aventajada, de esas que todo lo memorizan incluso cuando su pie por debajo de la mesita se frotaba con mi entrepierna tal como hiciste clavando una sonrisa descarada, picara, de lujuria. Lo que menos te importaba era todo eso, solo buscabas hacer un poco de tiempo para no tirarte encima mía sin perder un solo segundo, sin parecer desesperada por hacértelo conmigo, por fundirme en la cama de un hotel que ya tenias preparado, negociando de ante mano que caería en tus garras, en tu juego de seducción, en tu volcán.
Terminado el juego caliente entre sorbos me cogiste de la mano.
Mi pregunta es a donde te gustaría ir primero y conocer el escenario por donde reinaba cada dia de mi vida, tu respuesta…

… Habitación 49, sin tregua hasta desfallecer.

Deja un comentario