Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Hay tantos demonios en mis cicatrices, como balas he disparado. Cada demonio tiene un rostro, tiene nombre y apellidos, tienen una nación. Si pudiera hablar con cada uno de ellos y poderles explicar que solo teníamos una opción, o tú hermano, o yo. Seguramente no tendría tantos demonios o pesadillas que explicar, pero todos fuimos niños y aprendimos el valor de un juego, los mas pudientes en sus cuartos llenos de juguetes y los del barrio aprendiendo a encajar y a dar golpes. Por eso mis demonios tienen edades, tienen recuerdos, tuvieron un hogar y miraron como yo al frente, con el mismo objetivo, con el mismo pensamiento “hoy no voy morir, hoy no moriré, pero tu si, tu si”. Y te acuerdas de aquella sensación que tenias al despertarte que te hacia ver que ese iba a ser un gran día, que nada te podría pasar a pesar de que estabas siendo vestido por los demonios de tu vida. Aunque nos han enseñado a no sentir, a no ser blandos, a no tener sentimientos, ellos están ahí, esperando la debilidad de tu mente, demonios, quizás también de la carne. No les importa el alma. Esa murió cuando apretaste el gatillo por primera vez dejando a un hermano de armas sin amanecer, nada vuelve, nada se recupera, los demonios lo saben, solo esperan a que te des cuenta de que eres uno mas, uno de ellos, aunque te resistas a querer ser. Tus manos ya firmaron con sangre.

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