Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Hoy mis ojos se han cerrado para siempre a la luz, me he quedado ciego. Y pienso en todo lo que se ha ido, todas aquellas cosas que no le daba mayor importancia y que ahora se ven en mi mente como diapositivas de lo que jamás volveré a ver. Es una lección de humildad que la vida te enseña, te advierte de que ni todo es tan bonito como parece ni tan fiel y sincero como uno cree, de ahí que la oscuridad forme parte de nosotros, que nos quedemos ciegos.
No me asombra en parte que mis sentidos me abandonen, primero la vista, luego perderé el olfato para sentir el olor de quienes me apuñalaran el corazón y podrán acercarse a mi sin la mascara ni el velo para hacerme daño. Luego perderé el tacto, ni el calor ni el frío sera sentido en mi piel y no tendré mas estímulos que el de los recuerdos. Y del gusto ese sera el definitivo para no sentir deslizarse por mi lengua y mi garganta el veneno que me pongan cuando al no ser nada racional puedan matarme sin disgusto alguno.
Pero me dejaran el oído, agudizado para escuchar sus risas mientras acaban conmigo, mientras se burlan de mi, de cuando tenía sentimientos, de cuando era un hombre. De cuando podía soñar con la felicidad y el latir del día a día. Aunque el tiempo me dejara la sordera a buen reclamo para que pueda desaparecer y quedarme petrificado sin moverme en un punto fijo pasto de las alimañas y los carroñeros, pero no aquellos que son animales, sino los de una sociedad que nos aparta y clasifica no por lo que somos sino por lo que no queremos ofrecer.

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