Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

A Rocío le importaba bien poco sus clases diarias de cocina, su madre, Doña Pilar (tormento del vecindario) estaba empeñada en que su hija fuera una buena esposa y que tenía que cumplir su rol dentro de un hogar. Las ideas tan anticuadas de su madre a Rocío le partían el día a día como si de un hachazo en su cabeza fuese y a pesar de sus discusiones y de sus desplantes a regañadientes cumplía cada una de las ordenes de Doña Pilar.
Su padre Don Antonio cuyas manos parecían raquetas de tenis era muy de gustar en plantar el puño encima de la mesa que para eso era el hombre de la casa y a Rocío se le empezaba a terminar la paciencia pero no tenía donde caerse muerta, sin trabajo, estudios mínimos con mas suspensos que aprobados, no porque fuese tonta según sus profesoras era una niña distraída, el aleteo de una mosca hacia para ella una singularidad planetaria por encima de los clásicos, de las hipotenusas o de recitar el abecedario en ingles.
Rocío recibía una paga semanal de diez euros, algo ridículo dentro de su economía de no hacer nada más que cumplir los deseos casaderos de su madre y aunque se sentía atrapada en ese mundo como decía de antes de la constitución de 1978, no le quedaba otra que buscar el modo de vengarse de sus padres y de lo que ella consideraba una injusticia uterina.
Rocío que ya por su mayoría de edad había perdido la virginidad con el panadero que llevaba años trayéndole el pan a sus padres se había dado cuenta de que las salchichas no eran muy de su agrado y que si bien probó el material masculino a lo que más le tiraban los pezones era hacia una compañera de curso de cocina llamada Gema, bollera defensora a ultranza del movimiento feminista y de lesbianas. Aunque nunca fue capaz de confesarle dicha atracción por temor a ser rechazada y cargar con otro peso muerto encima de sus hombros.
Pero la vida no es siempre un plato llano cargado de buenos manjares, la acidez en la relación con sus padres hizo del carácter de Rocío algo semejante a una bomba de neutrones y cuando algo planea por la cabeza como una idea descabellada quizás para ella fue la mejor opción a seguir. Empezando poco a poco infiltrando durante las comidas y las cenas que se sentía enamorada, que tenía una relación, su madre como si escuchaba cantar a Joselito ni caso hasta que no viese por sus propios ojos al hombre que entregaría su joya más preciada. Cuando Rocío considero que los tenía bien preparados urgió su plan hablando con Gema, contándole sus desgracias adolescentes y que quería independizarse de su casa sin recibir la plomada de la escopeta de su padre ni la vergüenza a la que su madre la sometería de por vida. Gema de magnifica presencia, delgadita con poco pecho decidió vestirse de hombre y presentarse ante los padres de Rocío como su novio, nada se les escapaba se llamaría Gustavo y sería un coach manager de altos cargos, el anzuelo perfecto para que no se opusieran.
Los meses fueron disponiendo la trampa como algo normal, cenas en familia, comidas los domingos, besos furtivos entre comillas para que fuesen realmente vistos, cogerse de la mano, abrazarse en publico hasta que un día Rocío enamorada perdidamente de su Gustavo le dijo a sus padres que se iban a casar, la fiesta y la alegría rebosaba por toda la casa, se llamaron a familiares y a amigos, se concretaron fechas y se dispuso del Alcalde para celebrarlo en la Casa Consistorial con orquesta municipal y todo.
El día de la boda era perfecto, sol y una temperatura agradable, todos ya estaban en el Ayuntamiento, las últimas flores ya estaban en el restaurante, un coche de época esperaba fuera, sonaba la música elegida por la pareja, como no, Luciano Pavarotti. Entro la novia, Rocío estaba espectacular con un traje gris perla y un velo de 5 metros de largo, entro la otra novia vestida de blanco, velo corto y un ramillete en la mano.
Silencio sepulcral, desmayos, gritos… consumada la venganza
Yo os declaro mujer y mujer.

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