Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Tenía que ser un café el que te rindiera posiblemente a mis brazos ¿pero se puede en cinco minutos que dura un café en la taza ganarse tu cama?, para mi no. Yo necesito algo más que cortar el café con la leche para poder mirarte a los ojos y decirte que mi cuerpo es tuyo y que hagas con el las salvajadas que quieras entre tus sabanas. Y no es por llevarte la contraria si con un café es suficiente para ti para engancharme como un remolque y llevarme a la montaña para emborracharme con sus aires y seducirme rizando el rizo de tu entrepierna como una cosecha inteligente, como un caldo añejo que gusta saborear.
Quizás si me dices que quieres salir conmigo a reconocer el mundo que nos rodea, parar a comer algo, regañar al cielo si llueve o contemplar la noche fría entre nuestros calores apretados pero no empanados para conectar o intuir que la cosa funciona entre sonrisas y cosquillas, pero confiar que un café te va a resolver las dudas si quieres ser quien maneje mi halcón peregrino que cace tu conejo de pelaje suave es mucho decir o una confianza plena en que tu garrote haga sucumbir mi cráneo y las mariposas sobrevuelen mi cerebro volviéndolo enamoradizo y sumiso.

Por eso pienso que un café no puede decidir el cauce y destino de tus pensamientos para hacer o deshacer tu estado civil y si pensar lo contrario es conceder una ventaja para los planes que quieres o deseas entonces olvidate de usar la lavadora en el modo centrifugado para sentir los palpitos que sus vibraciones conceden (jajajajaja). Así que entre ronroneo y ronroneo y rascándome con el pie detrás de la oreja no pidas milagros a la cafeína y quedate con lo que te da el día a día que es mucho mas real e importante que ver el poso para saber si pinchas o no pinchas con lo duro.

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