Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Hoy me ha salido una espinilla ¡si si! ¡una espinilla!. Que a mis cuarenta y cinco años te salga una cosa de esas significa dos cosas, que te cuidas muy bien o estas sufriendo el síndrome del curioso caso de Benjamin Button y estas regenerándote hacia una segunda juventud que te llevara a volver a la virginidad y a no tener pelo en algunas partes de tu anatomía.
Analizando el momento en sí me preguntaba si la espinilla que desobedece las leyes de la lógica es resultado de un proceso de comer nueces el día anterior con demasiado gusto o que quizás sea una revolución de mi piel por el exceso de calor y de la masiva ingesta de líquidos que tienen que buscarse salida de algún modo o manera.
Como no soy científico titulado para contestar a todas esas preguntas que me rondan he decidido colocar una masa explosiva alrededor de la espinilla para darle un entierro rápido y veloz, una cataplasma de las que pasan de abuela a abuela y que preparan para sus nietos para que sea efectiva y no tenga que ocultar mi frente al mundo con una gorra jamaicana o un flequillo de pega.
Ademas tengo que arreglar el espejo que rompí de un cabezazo esta mañana, pues al lavarme la cara y ver esa cosa allí mi primer instinto fue aplastarlo y bueno sabemos que a ciertas velocidades el espejo se vuelve frágil y la espinilla dura como el granito. Y pensar que mi vida antes de que me saliera este alien (hace unas horas) era mejor y ahora se ha vuelto un infierno (a exagerado no me gana ni el diablo), pongo al cielo por testigo que no podrá conmigo jajajajajaja.

Ahora toca ir a desayunar a la cafetería de la Pepi, mi descafeinado de sobre, mi zumito de naranja y mi media tostá de aceite de oliva, jamón serrano y rodajas de tomate, que eso no lo perdono por mucha espinilla invasiva que tenga.

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