Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Apagaste el cigarrillo en el cenicero, el único vicio que heredaste de tus años en la calle como prostituta de polígono. Tu madre siempre te decía que acabarías enganchada a las drogas y demás mierdas pero conseguiste aguantar el tipo a base de nicotina y mamadas por cuatro duros. Me miraste a los ojos y me dijiste que podíamos comenzar yo te quita la parte de arriba y te dije que te tumbases de frente, quería tener tu espalda completamente tensa y descubierta.
Habías decidido hacerte un tatuaje del Coño de la Bernarda aquella que vivía en la casa de la Collona y te salvo de muchas refriegas en la calle, la querías como una hermana y sus consejos de gallina vieja de corral te libraron de muchas ostias y abusos, si no fueran pocos los que sufriste. Te pedí que me contaras alguna cosa para que las horas no se hicieran pesadas y no pensases en las agujas que se iban clavando en tu piel, dando forma a tu deseo.
No sabias realmente de que hablar, todos tus temas iban relacionados al mundo del sexo y al nuevo novio que habías cazado “El Fulgencio” vendedor de melones en la salida de la autopista de Valencia, un buen tipo pero como una lija a la hora de soltar el leuro. Y aunque no te lo esperabas ya estabas hablando de tu vida, de tus cosas y me resultaba interesante, me llenaba de fascinación todo aquello por lo que habías pasado, prostituta low cost 365 días/24 horas al año, sin declaraciones de la Renta, sin facturas con IVA, todo para debajo del colchón.

Al escuchar tu historia empece a preguntarme como me pagarías el tatuaje, si en cash o en especias y empece a sentir un frío sudor por todo el cuerpo intentando que llegado el momento no se me notase mucho el nerviosismo por culpa de mi imaginación y terminada la sesión protegiendo el trabajo bien hecho le solté – esto ya esta – y esbozando una sonrisa me respondió sacando un fajo de billetes del canalillo ¿cuanto es cariño?… – para ti la voluntad -.

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