Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

¡Cariño! ¿hacemos esta noche el helicóptero?…
John asintió con la cabeza cogió las llaves del parador de la entrada de su casa y se fue a dar una vuelta. Empezó a caminar por la Avenida de la Vega hasta llegar al parque jardín de mismo nombre y allí se sentó cabizbajo. Saco una pistola del cinturón de su costado y amartillando el arma se la puso en la boca, a los pocos segundos su saliva empapaba el cañón del arma y sus lagrimas lo cegaban.
  • no lo hagas.
La voz de su conciencia sonaba clara y alta, o eso es lo que John creía hasta que secándose los ojos con la manga de su chaqueta pudo ver que de rodillas delante de el había una joven muy tatuada, delgada y con la mitad de la cabeza rapada y la otra con el pelo largo en tres tonalidades que parecían haberse pintado a spray.
  • no lo hagas.
Volvió a repetir intentado lentamente llevar sus manos hacia la pistola para que la bajase, John la miro fijamente a los ojos y apretando el gatillo se voló la cabeza con una 9 mm parabellum. La joven pego un grito y se cayo de espaldas asustada, en shock, intentando abrir la boca para decir algo, con los ojos clavados en el cuerpo inerte.
  • !Papa papa!
La gente se fue arremolinando incrédulos ante lo que había sucedido y empezaron a hacerse preguntas de lo que pasaba, un hombre se acerco a la joven y le pregunto si estaba bien y si conocía a la persona que se había suicidado, ella recuperando el equilibrio y la serenidad le contesta que no, que no sabe quien es el hombre con la tapa de los sesos reventada, que solo pasaba por allí cuando el estallido la hizo caer del susto.

La joven se fue para su hogar, entro por la puerta y grito ¡mama ya estoy en casa!.

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