Estoy aquí
aunque no puedas verme,
te enseñare
¿de acuerdo?…
Todos (o casi todos) se creen el centro del universo, que todo gira alrededor de ellos y que nada ni nadie puede superar ese sentido propio de prepotencia. Como un virus los pensamientos propios se incendian cada día en la mente de cada uno, sus proyectos, sus visiones de futuro, asumir los defectos y equívocos del pasado, pero se sigue asumiendo que el centro de todas las cosas es uno mismo y su columna vertebral, luego la familia sus costillas y las arterias y las venas que riegan su cuerpo el resto de los mortales que entran dentro de su núcleo social.
Ser el centro de uno mismo conlleva tenerlo todo controlado, seguir buscando en uno mismo el lado mas perfeccionista y egoísta y delegando aquellas cosas que nos resultan irrelevantes a ese circulo social que aunque no es excluyente no se le proporciona la misma relevancia que las costillas. Para muchos no es nada malo ser la gran súper nova, pero el idolatrismo aunque sea personal nunca lleva a nada bueno.
A veces compartir el centro del universo no es malo ni contraproducente, amén de los deseos de ser un controlador de tu propia vida el dejar margen para que alguien mas comparta tu visión puede hacer que las campanas del razonamiento se abran y la sabiduría de mas de un pensamiento haga de esa vida una más social y participativa.
En conclusión creo que dejar una ventana abierta (o una “ventanita”) no es perjudicial para los intereses de un individuo, ello haría que se mejorase en ambas direcciones una comunicación abierta y un deseo mutuo de aprender.

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