Los pasos firmes hacia la puerta sonaban metálicos, estridentes, opacos, burlescos ante el gran acontecimiento, la cita dorada de cualquiera que lleva tiempo deseando sacarse el flotador y romper los moldes de una ventana fija por una ventana de movimiento oscilante, de libertad plena.
No tenia el flan en la barriga, no le pesaban las piernas.
El ascensor la llevo al recibidor, al abrir la puerta de la calle un viento frío pero agradable recorrió su cuerpo esculpido por el mejor cincel de la belleza, de la perfección, de la mujer mas entregada a lo que le gusta, ser como el océano, ser como una sirena cuyos cánticos entregados al mundo son de agradecimiento, de un movimiento acompasado como las alas de una mariposa.
Las horas se le formaban como mejillones en la piel, de lento crecimiento, de ver el minutero y desear con ansias crecientes su hora, la hora, el momento, lo esperado. Y todo llega cuando te lo esperas…
…. ese pie mojándose, las caderas, el cuerpo entero, un aliento largo, un soplo fuerte, una mirada firme, hoy mi niña, se hace mayor, se hace delfín.

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