Fue en el entierro de la sardina en Marín, lo que sucedido fue un acontecimiento único a la par que hermoso y lleno de misterio.
Nos habíamos pasado toda la tarde un grupo de amigos elaborando los trajes de carnaval para ir disfrazados durante el entierro, llevar nuestros globos llenos de harina y agua para armar la puñeta a todo aquel clan que decidiese hacernos lo mismo y pasarlo a tope hasta la madrugada una vez que la sardina fuese arrojada en el muelle al mar y la parafernalia tocase a su fin entre viudas llorosas y almas penitentes.
Eramos alienigenas con mono de trabajo azul, menos mal que las caretas estaban más curradas.
No pasábamos de los quince años pero ya sabíamos que para tronarla bien ese día a parte de abundante material para montar el cólera parroquial cada uno tenia que hacer desaparece una botella de licor de casa, como manda la ley, para tener ese puntillo francotirador con los globos.
Y he aquí que metidos en plena batalla un grupo de brujas con antifaz y ropa militar intento purgarnos de la misma manera que nosotros pensábamos hacerle al mundo y el resultado fue una orgía de lanzamientos de todo tipo de material nuclear bacteriológico y químico, vulgarmente NBQ.
Al principio se mantenían las distancias, luego cuando la munición escaseaba se recurrió al cuerpo a cuerpo. Manos llenas de harina con agua se iban depositando salvajemente en caras y pelo, en las ropas, en las espaldas, lo que la imaginación diese a lugar, y en este punto surgió lo mas extraño pero lo mas bonito de la fiesta.
Apareciste tu, bruja sin nombre, de colegio de monjas como casi todas las de tu clan, y cuando te iba a meter un bolazo en toda la cara tus ojos me miraron como una ovejita descarriada, pidiendo clemencia, solicitando una rendición sin bandera blanca. Lo suficiente para frenarme y quedarme sin aliento, esa mirada tras tu antifaz….
Me señalaste el parque, sin palabras yo te seguí como tonto, capturado por una bruja, hipnotizado por un breve gesto.
Te pusiste en el columpio, sabia que el de la par era para mi y no perdí el tiempo intrigado por lo que tenias que decirme o simplemente por si me emboscarías con más brujas y sería el niño tonto de la semana o del año.
Entonces cuando me viste sentado simplemente te levantaste y me besaste, una y otra vez. Quise poner mis manos en tu cintura y las quitaste solo eran tus manos en mi cara y tus labios en los míos, y aun con el sabor de tu lengua en mi tal como llegaste sin decir palabra te fuiste corriendo.
Me quede sentado en el columpio sin fuerzas para ir detrás tuya y preguntar tu nombre y donde cursabas, y durante un buen rato me quede allí hasta que me dije que la fiesta tenía que continuar.
Volví con mi pandilla.
A los dos días una amiga mía que estaba en las monjas cursando me dio una nota anónima que decía: “Gracias por tus besos” …. Como estaba claro a mi amiga se la dio una amiga de una amiga que al final una amiga, una cadena sin fin.
Con el paso del tiempo nunca pude saber de la misteriosa brujilla, pero me alegro tener en mis recuerdos un momento tan mágico que lo fue para ambos.

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