Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Atrapaste mi cremallera del pantalón con el imán de tus dedos, la bajaste y dejaste salir el humo negro de la desidia, del encanallamiento, la soberbia y la egolatría. Quemaste mi camisa para ver lo que había debajo, para ver si tenia alma, sentir que hay bajo los pezones puntiagudos por el frío Norte, el túnel mortífero de un ombligo del infierno.
Golpeaste mi nuca para ver cuantas tuercas saltaban y rebotaban dentro de mi y el sonido que produjiste con ello te gusto, quedaste satisfecha y la guillotina que con tanto cariño habías afilado la dejaste al lado de la despensa, esperando otras suertes.
Arrepentido de meterme en tu vida, me usas como conejillo de indias para las plumas de la risa, aquellas que acaban en sitios de mi cuerpo que me da vergüenza describir, aquellos sitios a los que tu asaltas con ojos de gata y uñas de pantera, devora.
Esperas que coja aire, que respire profundo y ante mi dolor de mentalidad vaga y confusa bailas una danza, te regocijas en el momento y esperas a que vuelva a abrir la boca para cagar toda tu mala uva dentro de mi.

Suena el timbre de la puerta, ya llego la comida china.

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