Me estoy olvidando de tu rostro, poco a poco, y me da pena. Me da un dolor insoportable. Crecí contigo y siempre fuimos juntos al colegio, en la misma pandilla, del mismo barrio. Y llegamos a querernos, a sentirnos parte el uno del otro, a ser una sola composición, la misma canción, la melodía de un ramo de rosas todas para ti.
Me diste una libertad que nadie ofrecería tan abiertamente porque siempre me recordabas que el día que te llevara al altar todas mis aventuras solo tendrían una protagonista, tú. Y una nochebuena me diste el si, te di mi vida y la acunaste en tus besos, firmando en un papel sin valor porque del amor no se tiene constancia en papel, solo se sabe de el cuando sopla entre nuestros dos cuerpos y vuelve cada día, con cada sensación, cada movimiento de tus ojos sobre mi, de los míos enamorados hasta el fin.

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