Sonaba entre canciones entrañables las tripas de mi vida, y llevabas el arco iris desde la infancia hasta la madurez repasando una y otra vez esos pasos de gigante de las experiencias llenas y vacías, dándome cuenta de la sal en mis labios, del viento en mi piel.
Era un murmullo el amor de mis pensamientos, por una vez tenia claro mis sentimientos después de tantas mujeres diferentes clavándome sus uñas en mi ser, en las lagrimas del adiós, en la penumbra del sexo esclavo, de morirse en vida. Tan claro como el agua atlántica, como el frío que se siente al meter tus ojos entre las algas y el relámpago en tu sien.
Mis músculos siguen bailando por una canción repatriada a mis recuerdos, sin saber autor, sin poderla escuchar bien, sin sentir sus acordes en la plaza elíptica de mi ombligo, del chascarrillo de mis muelas rotas por la distancia, mi revolución…. agónica.
De un viaje entre tatuajes y deseos azules, entre fantasmas y polos positivos, en vivir la carretera en cada paso, en cada gota de sangre sin más, por ti. Y me hice viejo.
Tan viejo que no pude ver mi fracaso entre las montañas que me separaron de mi, de la luna, de una bala a mi costado, a las costillas de barro, en un silencio, en un huracán.
He cambiado el momento de mirarme para verte, para dejar de temblar en mis manos, en mis perdidas de los meses que me falten por vivir.
Palabras en silencio.

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