Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Le va la marcha a mis andares por la plaza del pescado y las verduras, donde los esteroides de las pesas en formas de cajas de gambas se mezclan con la adrenalina de una buena merluza y el café de la primera planta, donde una atractiva camarera te quita el sabor amargo de una espalda húmeda por el sol abrasador del mediodía. Y te guiña el ojo dejándote una magdalena al lado del vaso, allí donde el sobre del descafeinado y el azúcar comparten orgías.
Su pelo rubio rizado y su cuerpo delgado como una parra de guisantes es pura poesía hasta que las ráfagas de aire te suben el aroma del pescado y los mariscos y se te queda una cara de búfalo en-jorobado que te cambia la cara a un tono color vino de garrafa. Pero seamos serios todos esos contratiempos ¿qué importan?, ella vale la pena. Cuando se mueve por dentro de la barra parece que este danzando y flotando en una nube de algodón (joder que cursilada acabo de soltar, me voy a flagelar con un helado de chocolate y virutas de colores) y sus ojos formen diamantes perfectos.
Luego llega el palo cuando sus únicas palabras para finalizar la visita es “1,20 €” y vuelves a la realidad te bajas las escaleras a la planta baja, eructas disimuladamente para que ninguna vieja se lo tome como un ataque a su linea de flotación y te alejas como un Samurái sin honor esperando que por obra de una extraña magia algunos duendes te preparasen el plato del día (cosa que jamás me ha sucedido) para luego quedarte babeando de costado viendo el chiringuito, un truño pero un truño de esos que tienen que venir los bomberos a evacuar la vivienda.

He puesto el ventilador tengo los sobacos mas húmedos que una peli porno y la ducha me reclama con cariño, y yo me digo¿donde estará mi jaca?.

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