Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Una alambrada de espinas punzantes, de filo acerado, tan alta y larga hasta donde alcanza la vista, no me deja pasar. Cada vez que intento separarla para meter mi cuerpo me corto profundamente hasta perder la conciencia y tengo que dar vuelta y curarme las heridas. Y así en una pelea constante año tras año, día tras día, sin poder romper ese muro infranqueable de vil metal. He podido construir una cabaña con restos de madera, plásticos y cartón, y me he nombrado rey de mi castillo ficticio para dominar lo que me hace daño y sitiar la alambrada que acorta mi vida, que marca mi cuerpo, que me ahoga sin espacio, que me obliga a luchar. Y mientras me hago viejo ella también, ya no tiene frescura en su brillo, la naturaleza se ha enredado y curado con su savia los lamentos, y pienso que si espero lo suficiente sus espinas se tornaran abrazos y acogerá mi cuerpo para llevarlo al otro lado, aunque me asalte el temor después de tantos años de cruzar y dar el ultimo paso, quizás la compañía de una mala amiga como ella incluso fuese mejor que lo que descubra tras su inmensidad, pero he de hacerlo, he de cruzar el umbral o formar parte de su estructura para la eternidad.

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