Algunos piensan que el amor es como una carta de ajuste, como un código de barras donde un laser te indica que características tienes y que poderes ocultos desprenderás ante quien te posea, use u obtenga como algo compartido, único o a la par irrevocable.
El amor es como una súper plus con alas, donde nada se pierde, donde nada se escapa y cuya finalidad es la felicidad en cualquier momento de la vida, ya sea en las sonrisas compartidas, en los dolores mas insufribles o en una diarrea dialéctica verbalizada entre antojos de rímel y carmín.
El sentimiento más noble es aquel que se desprende de un tejado en forma de teja y te da en toda la cabeza y cuya culpa no es la ineptitud humana sino un viento pasajero, el amor es igual. ¿Se sorprenden?, para los que digan no un perrito piloto y para todos los demás un poco de aguarrás.
Amar, amor, es un conjuro a dos patas, a fuego lento, entre la luna y la leña de una noche fría de verano, metástasis del invierno, caucho en forma de rueda pisando un pie calloso, éxtasis de paracetamol con orujo, perra y verdulera entre paginas.
Como mota de polvo el amor es una escobilla, indispensable en diarrea, en cartomancia vulgar, en la preñez de una pestaña postiza, en un abrazo postizo, en una canción inerte, en tus ojos perdidos, en el calor de una noche al pie de la lavadora masajeándote los pies como gorrino en la charca, disfrutando de la vida.
El pensar que el amor es racional es como leer una guía telefónica vacía, llena de mugre, en medio de un panecillo con queso ilustrado por Borges.
El amor se piensa, se piensa el amor, tu cuerpo y el mio, un trozo de jamón.

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