Dejaste en mis sabanas el aroma tardío de tú vida, donde la lluvia cae y no moja, se funde en nuestros cuerpos como parte de la piel, de ese modo tú te metiste en mi, y recuerdo el trueno, recuerdo el rayo, el viento, tus besos.
Dejaste a la puerta de mi casa un recuerdo donde en los años venideros el sonido de las llaves serían la manera de llamarme y de decirme que ya estabas en casa, y yo comprendía que el aire que respiraba eran las moléculas de tu ser que vagaban por el mundo al antojo de tus deseos.
Dejaste a la soledad mis pensamientos y allí en ese oscuro cuarto sin ventanas se reflejaban uno tras otro como un cine de experiencias en la dimensión mas esperada, una caricia.
Dejaste sin aire un gran globo llamado mente y no es tu culpa no lo es mía, la culpa es del momento que hemos vivido fuera de esa gran burbuja llamado sentimientos.
Dejaste y por hacerlo aquí lo escribo, una huella que derrama calor y se pliega como una duna, arena con arena una encima de otra, esperando ser mas grande, ser enorme, para ver el mundo desde otra perspectiva, desde otro angulo que no sea el de la guadaña, que no sea un oasis.

Deja un comentario